viernes, 25 de septiembre de 2009

8. Hombre de hierro

Cuando la afición al deporte crece más y más cada día uno se va haciendo el hábito de sintonizar eventos de distintas disciplinas, eventos que tienen mucha relevancia, otros que solo son parte de la rutina con la que transcurre cierto circuito o liga, y unos que son un poco o un mucho de ambos. Algo que no ha dejado de llamar mi atención es el hecho de que a través de los años sin pensar mucho en ello llegamos a ser testigos de marcas que quedan para la historia, acontecimientos deportivos que suceden en ese preciso momento y que gracias a los medios de comunicación podemos presenciar a la distancia para convertirnos en testigos de hazañas que por cinco minutos son noticia entre quien esté cerca y nosotros, durante ese día son titulares de periódicos, durante el mes reportajes de revistas, y aún más, durante años, recuerdos imborrables, inmortales. Estos fragmentos de gloria permanecen para siempre en la memoria de quien sigue el deporte, aunque en ciertos casos lleguemos a comprender la trascendencia de lo que vivimos hasta que termina el momento e incluso, hasta años después de haber presenciado la historia, en su primera versión o en una que la reescribe.

Así me ha pasado en diversas ocasiones y creo que a todos por lo menos una vez en la vida.
Ahora comprendo que aquella noche de 1993 en que mi padre me llevó a ese restaurante en la esquina de una de las calles principales de mi ciudad natal lo que vi fue historia en su momento de concepción. A la mesa con el español que era dueño del lugar, observamos una pelea de box en Pay-Per-View. Aquella noche, se vio la asistencia más numerosa para una pelea. Aquella noche el campeón defendió su título. Aquella noche el campeón le dio una lección boxística a su rival por haber osado insultarlo a él y a sus connacionales. Aquella noche de 1993 sin saberlo vi a Julio César Chávez llenar el estadio Azteca para apabullar groseramente a Greg Haugen.
Unos años después mi comprensión fue menos lenta. Al término de un partido de futbol me di cuenta de lo que había presenciado gracias a cierta cadena televisiva que se especializa en deportes. Esa tarde de 1998 llegué de casa al salir de la escuela y fiel a mi costumbre de buscar futbol europeo en dicho canal me percaté que jugaban dos gigantes en la máxima competición de la UEFA. Esa tarde el Real Madrid enfrentaba a la Juventus en la final de la UEFA Champions League. Esa tarde fui testigo del gol de Mijatovic y lo grité como aficionado merengue que soy y he sido siempre. Esa tarde vi como Manolo Sanchís levantaba la tan ansiada "orejona". Esa tarde y después de ver cuatro finales anteriores pude ver como el Real Madrid, mi Madrid por fin era campeón. Esa tarde de 1998 sin saberlo vi como el club que en otros tiempos acaparó la competición rompía una sequía de 32 años sin el codiciado título.

Y así me pasó muchas veces más. En 1997 vi como el Guadalajara destrozaba a Toros Neza para ser campeón de liga en México. No sabía que no volvería a ver al club levantar la copa hasta casi diez años después. En 2002 vi a las 6 de la mañana de México por televisión el partido decisivo de la copa del mundo de la FIFA; esta vez ya más consciente de lo que podía suceder lo esperaba con más ansia, para finalmente presenciar como Ronaldo marcaba su séptimo y su octavo gol en la competición y rompía una racha de 6 mundiales en que el campeón goleador no pasaba de 6 goles. En 1993 vi como la selección mexicana llegó en su primera participación como invitado a la final de Copa América y estuvieron arriba en el marcador sobre la Argentina de Maradona, Batistuta, Caniggia. Vi a Maradona en su último partido en mundiales, fui testigo del momento en que Roger Milla se convirtió en el jugador más veterano en jugar y marcar en un mundial. Vi los cinco goles de Oleg Salenko, vi a España levantar la Eurocopa 44 años después, vi a Gascoigne marcar de antología ante Escocia en la Euro 96, vi a Michael Johnson batir el record mundial de 200 y 400 metros planos, y también a Usain Bolt romper ese record de 200 y el de 100 en unos juegos olímpicos... y volver a hacerlo un año después rebajando 11 centésimas a ambar plusmarcas. Vi a Roger Federer completar el grand Slam venciendo en Roland Garros este año, y superar el máximo de torneos ganados de esta categoría cuando sumó su número 15 en Wimbledon. Vi a Michael Phelps convertirse en el atleta con más medallas doradas en unos juegos olímpicos, de hecho vi cada una de las pruebas con las que superó a Mark Spitz 36 años después. Vi a México ganar su primer torneo FIFA en 1999 y el primer mundial de cualquier categoría en 2005. Vi a los Chicago Bulls de Jordan y Pippen ganar un título... y otro, y otro. He vivido siete de las victorias de Phil Jackson como entrenador en finales NBA y fui testigo de como los Celtics un día 17 ganaban su título 17, 22 años después del anterior, incluida la imagen emotiva de Kevin Garnett diciendo "cualquier cosa es posible...lo hice mamá, lo hice".

Siguiendo la misma línea de momentos perennes, el 23 de septiembre se añadió una memoria más a la ilustre carrera de un jugador que he tenido la fortuna de ver jugar por muchos años. Este día no fue la excepción y con mucho gusto y una alegría tan ajena como distante a su logro, observé cuando Gonzalo Higuaín salió del terreno de juego para dar entrada a Raúl. Raúl González Blanco, el gran capitán, el Ferrari. Raúl y siempre Raúl. Ya había podido ver por televisión en vivo el momento en que marcó 2 tantos en un partido de la campaña pasada para superar a Di Stéfano como el goleador histórico del Madrid en la Liga, y también cuando pasó a la Saeta Rubia en goles totales con el club merengue. Pero este 23 de septiembre llegó a otra marca que es igual de importante aunque de otra naturaleza. Raúl se convirtió en el hombre que más veces ha vestido la camiseta del Real Madrid en la liga española.

Incontables ocasiones se le ha cuestionado, muy duramente, sus marcas de goles ensuciadas por sus detractores usando como arma su promedio goleador. Que no es ni de cerca el mejor, que es un mito artificial, que no es grande. Cada quién su forma de pensar, pero yo creo fervientemente que no cualquiera marca 224 goles ni juega 524 partidos (525 ya con el juego del día 28 ante el Tenerife). Será oportunista o no, no lo sé, pero sé que aún cuando se es así se necesita olfato para estar en el momento justo frente al balón y empujarlo, se necesita hambre de gloria para seguir marcando 15 años después del debut. Pero más aún, a quien le critica que supera en mucho los partidos jugados por otros históricos goleadores, habría que recordarle dos cosas. La primera, que Raúl ha evadido las lesiones con éxito, las ocasiones en que ha estado congelado para recuperarse son mínimas, al punto de saberse que Messi se ha perdido más partidos a sus 22 años que Raúl a sus 32. Pero no sólo eso, sino que en su lesión más fuerte, Raúl categóricamente rechazó el quirófano y se dedicó a hacer una rehabilitación intensa que le permitió regresar en mejores condiciones y más pronto al terreno del juego, y ¿para qué? para seguir marcando goles, para seguir sumando partidos y seguir contribuyendo al equipo. Raúl ha jugado muchos partidos más que muchos jugadores, porque lo ha podido aguantar, porque no solo es un eterno capitán, es un hombre de hierro en términos deportivos, es un ejemplo de cuidado físico. La segunda cosa por recordar a los críticos es que quien juega muchos partidos tiene algo característico, participa en lo que el equipo requiere, porque si no lo hace, sencillamente no lo alinean. Podrán decir mil veces más que el Madrid juega más torpe con él, que abra paso a la juventud, que Granero es más aporte, sin embargo Raúl ha podido participar en 709 partidos oficiales del Madrid, 525 en Liga porque se ha acomodado a muchas necesidades de su equipo y porque provee algo que muchas figuras perdieron en su camino a la fama, el corazón. Cuando uno tiene un jugador con corazón, con entrega, y que aparte se ha inscrito en el registro dorado de los resultados históricos, es consciente de que cuenta en sus filas con alguien que se convirtió ya en un símbolo, alguien que ve disminuida su capacidad de aportar al juego pero que exalta como nadie más en el campo el espíritu que hace recordar a otros, cómo es que se construyo la historia de uno de los grandes del futbol mundial.

Ser un hombre de hierro en el deporte no es nada fácil, por tanto es inaceptable que se ponga en tela de juicio la capacidad de quienes han pasado una vida consagrada a su disciplina por completo. Se requiere talento, habilidad y resultados. Cierto es que con el paso del tiempo estos disminuyen, pero es entonces cuando se tiene que saber apreciar el valor intangible de un atleta de estos en una cancha. Kareem Abdul-Jabbar, Cal Ripken Jr., A.C. Green, Paolo Maldini y recientemente Raúl, nos recuerdan que cuando el cuerpo empieza a ceder, es innegable que el final está cerca, pero hay algo dentro de nosotros que aún tiene algo que aportar, hay algo invisible que sigue sin descanso por el camino a la gloria deportiva y que prolonga un poco más el tiempo de actividad en que se puede ser productivo para el equipo. Cuando el cuerpo empieza a ceder, el alma de un deportista todavía tiene mucho por dar.

Cuando el cuerpo recuerda que es de carne y hueso, el alma y el corazón de un deportista lo recubren de algo que lo hace inmortal. Entonces, ese hombre se convierte en un verdadero "hombre de hierro".

Raúl González Blanco. El Ferrari. El eterno capitán. No lo hace eterno su pierna izquierda, ni su vaselina. Lo hace eterno su corazón. Hoy como ayer Raúl y siempre Raúl. Hoy más que nunca, Raúl y siempre Raúl.


Nota: La vida muchas veces nos regala situaciones invaluables. Como fiel seguidor y amante del deporte considero que he tenido un increible número de estas consideraciones, y sí porque el evento deportivo que he atestiguado es histórico pero aún más, porque he tenido la dicha, la fortuna y la bendición de compartir la inmensa mayoría de estos hechos con mi padre. En años recientes no ha sido siempre presencial, pero internet o el teléfono me ha permitido estar junto a él presenciando muchas de estas hazañas, y le agradezco infinitamente al Creador por darme tan especial regalo.



martes, 8 de septiembre de 2009

7. ¿Te acuerdas de mi?

Buen día hermano Honduras:

Hoy es un día importante hablando deportivamente, hoy se jugará un partido de futbol en mi estadio nacional, el estadio Azteca un escenario tan importante que muchas veces le pesa a mis jugadores tanto como a los que visitan, una locación tan imponente que en mi liga local le genera pavor al visitante del Club América cuando está en un momento dulce. Muy aparte de eso he de reconocer que las condiciones naturales del ambiente juegan su papel también para dificultar el rendimiento de los equipos que acoge en torneos, ligas y eliminatorias.
Hoy se juega en esa cancha sagrada un encuentro que debe ser vistoso, espectacular, mi equipo representativo, mi selección nacional se enfrenta a la tuya; hermano catracho hoy seremos rivales y espero con el alma que dejemos media vida en ese terreno verde porque nuestros equipos tienen condiciones, talento, habilidad y entrega, porque los hombres que nos representan tienen de más la pasión y el futbol necesarios para hacer un espectáculo de este choque en el deporte más hermoso del mundo, el juego del hombre. Suazo es una pesadilla, lo fue en serie A y lo sigue siendo en el Benfica, seguramente si juega lo será para mis hijos Magallón, Osorio, Salcido y Castro, Costly y Pavón, qué decir son contundentes, habilidosos y fuertes, Giovani me está enseñando que la confianza de 100 mil almas que lo seguirán hoy no es en vano y Cuauhtémoc... creo que lo conoces como yo y sabes de lo que es capaz.

En virtud de todo esto, creo que tu y yo podemos ver tranquilos el partido, porque será parejo, porque somos buenos y porque sabemos que lo que importa es ir al mundial. Desde 1982 que tú no asistes hermano mío, y aunque yo lo hago desde 1994 no puedo pasar de los octavos de final. Somos habitantes del mismo sector, ese que llaman CONCACAF y debemos mostrarle al señor que está al frente de la FIFA que nuestros 3 boletos directos son tan importantes como los 4 de Conmebol o los 15 europeos. Por eso hermano, no entiendo por qué tus medios han decidido sacar una cápsula televisiva donde exponen las razones por las cuales habrá "Aztecazo", y no me malentiendas en ciertas de esas explicaciones hablan solo la verdad, sobretodo en lo referente al talento, a que tienen la mejor selección catracha de todos los tiempos, que han superado etapas psicológicas que no les permitían triunfar en mis latitudes... pero, hablaron de patriotismo, se mofaron de mi sentir nacional hermano, dieron por demostrados hechos sobre los cuales solo cabe la especulación, me retaron a mi!! a mis hijos!! no a mi equipo, hablaron del velatorio más grande del mundo como si esto se tratara de una guerra, como si el Rambo León no fuera a repartir balones y juego, sino balas, tus periodistas compararon el rendimiento de tus futbolistas con los míos en Europa y después se jactaron de que a diferencia de mi selección ellos SI cuentan con un equipo de 100% nacidos en tu territorio.

Me da pena hermano mío, porque eso me habla de que las dos personas que salen diciendo eso y otras pocas detrás de la creatividad para redactar esos argumentos tienen problemas muy serios. Hablo solo de ellos porque quiero tener fe y pensar que no todos tus hijos tienen la misma corriente de pensamiento respecto a mí. Son problemas de fondo, en principio porque quiero dejarte muy claro que cuando una persona solicita mi certificado de nacionalidad, mi sistema de naturalización evalúa si cuenta con los requisitos que mi constitución señala para abrazar la identificación como mexicano. Guillermo Franco y otros miles han cumplido con ésto. Mi constitución señala que si una persona nace en mi territorio tiene por nacimiento el derecho legítimo de pedir su certificado que le avale como nacional de mi Estado. Nery Castillo y otros miles han cumplido con ésto. Estas personas son mexicanas porque mi ley suprema así lo permite y lo señala, son tan mexicanos como el que dadas las afirmacion de tus periodistas, ellos mismo definen como nacionales. Yo no tengo naturalizados y nacidos, yo tengo mexicanos por igual, y aquí el mexicano tiene sus obligaciones qué cumplir, hablando de impuestos, procesos judiciales, trámites, responsabilidades sociales y demás. Lo que tus periodistas dicen con tristeza me hace pensar que son personas con altos niveles de xenofobia, de prácticas discriminatorias y que se atreven a calificar a los hijos que tú decides adoptar, como "hondureños de segunda". El artículo 24 de tu constitución marca que adoptas hondureños por naturalización, sin embargo y con tristeza veo que estos periodistas deciden poner en tela de juicio el patriotismo de quienes por esta vía adquieren la identificación nacional, no porque hablaron de tus hijos, sino porque así lo señalaron de los míos. Hermano, hoy es 9 de Septiembre de 2009, y no podemos permitir ni tu ni yo que nuestros hijos sigan discriminando o dudando de las personas a las que decidimos acoger aunque hayan nacido en otras tierras, son tan nacionales como el que nació en nuestra tierra, porque creo que como yo, tú tienes por bien sabido que una persona jamás decide donde nacer.

Con la misma tristeza recibo las afirmaciones que me denigran, que se burlan de mí, porque lo que hoy habrá en la cancha son 22 hombres elegidos por su entrenador que nos representan en una justa deportiva como país. No son mis diplomáticos, ni mis gobernantes, mucho menos todos mis habitantes los que compiten hoy, son los hombres que han consagrado su vida a la práctica de este hermoso deporte, el futbol. No soy campeón del mundo en este rubro, no estoy en el número 1 del ranking de la FIFA, en sí no soy una potencia mundial, y sin embargo veo que tus periodistas se han dedicado a esparcir por tu tierra un sentimiento de amargura, de rabia contra mí... ¿por qué hermano? ¿por qué pretenden que tus generaciones nuevas se obsesionen conmigo? el propósito de este hexagonal es calificar a la fase final de la Copa del Mundo, no demostrar quién es el mejor del mundo porque creéme, aún estamos lejos de ser el área de donde salga ese equipo, y en parte porque nos pasamos la vida dejando que nuestros equipos de futbol se preocupen por demostrarse mutuamente un absurdo de superioridad que a la hora de ir a las citas grandes no nos han servido de nada... ¿acaso no aprenden de mi? ¿les sirvo a tus periodistas solo para atacarme pero no para trazar un camino sin mis errores? mi selección convirtió en obsesión a la de nuestro vecino del norte y el resultado creo que todos lo conocen, 10 largos años sin ganar en su tierra, patéticas demostraciones ante un equipo que se concentra en entrenar y ser mejor cada día sin importar a quién enfrente ni dónde lo haga. ¿Por qué es más importante ganarle a México en el Azteca que a Costa Rica en el Ricardo Saprissa? ¿Es qué acaso no ven tus hijos que al apuntarme como el más odiado, que al convertirme en el objeto de su obsesión están implícitamente descalificando al resto de nuestros hermanos? Son tan grandes los otros 4 que nos acompañan en esta etapa como tu y yo, porque si no hubieran mostrado algo no estarían aquí, y sin embargo los desvelos de tu prensa son para encontrar como encender el fuego de la pasión en contra mía. Me da tristeza hermano, porque rápido se han olvidado que en mis canchas muchos de tus futbolistas se han convertido en ídolos, Raúl Martínez Sambula es todo un nombre para la afición del Correcaminos, es un símbolo, Carlos Pavón lo es en la misma afición pero también en la del Celaya e incluso se le quiso mucho en la tribuna del Necaxa, Ramón Núñez se robó el corazón de los seguidores del Puebla apenas el año pasado, por decir algunos. ¿Por qué entonces insisten en hacer que tu afición nacional me odie? No soy el mejor, solo busco serlo día a día, y si todos hiciéramos eso, excelente proceso eliminatorio tendríamos, los europeos temblarían ante la fortaleza y estrategia, la habilidad y entrega de nuestra zona.

No olvides jamás, que tu historia y la mía van de la mano, que me has ayudado en mis momentos de pena y oscuridad, y yo te he asistido en los tuyos. No somos rivales, no somos enemigos, tenemos un trasfondo común en muchos sentidos, tenemos rasgos comunes, hablamos la misma lengua ¡somos hermanos!... No lo olvides Honduras, que aquí siempre recibiremos a tus hijos con el corazón y los brazos abiertos, no los vamos a intimidar ni agredir, y siempre pero siempre podrán contar en todo momento con sus hermanos mexicanos.

Espero que tu equipo y el mío hoy hagan un juego de antología, de los que se quedan en la memoria, pero ante todo, espero que tu afición y la mía comprendan que no nacieron para odiarse. Hoy no nos jugamos la patria, nos jugamos 3 puntos. No somos enemigos. Honduras y México somos hermanos.

Con cariño, México.